El régimen climático de las Naciones Unidas enfrenta una transición decisiva: pasar de acordar reglas a hacer que los compromisos del Acuerdo de París se implementen y puedan evaluarse. Aunque se completó el conjunto de reglas del Acuerdo, las negociaciones conservan cargas procedimentales, órganos con mandatos parcialmente superpuestos y mecanismos de seguimiento que requieren fortalecimiento. Reformar el sistema supone mejorar su capacidad de orientar acciones concretas, no simplemente producir nuevas decisiones.
Este documento de política publicado por Transforma examina la infraestructura institucional y los resultados de las negociaciones de 2022 a 2025, junto con entrevistas a integrantes de órganos del régimen. Su revisión clasifica el 74 % de las decisiones y conclusiones examinadas como procedimentales, frente al 26 % de carácter sustantivo, lo que pone sobre la mesa la necesidad de redefinir la forma en que los procesos de toma de decisiones deberían llevarse a cabo en los próximos años, enfatizando más en temas como transparencia, financiamiento climático, cumplimiento y el Balance Mundial.
La reforma propuesta combina ajustes inmediatos hacia la COP31 y el segundo Balance Mundial —el proceso de evaluación colectiva del progreso del Acuerdo de París— con reformas institucionales de mayor alcance. La prioridad es conectar las iniciativas de implementación con los compromisos nacionales, los recursos financieros y los mecanismos de rendición de cuentas, evitando que los nuevos espacios de acción operen desconectados del Acuerdo.
Recomendaciones clave
Entre las recomendaciones formuladas destacan las siguientes prioridades complementarias para adaptar la gobernanza climática a la etapa de implementación:
- Transitar de la negociación a la implementación. Reorientar el enfoque de la infraestructura institucional del régimen climático de la ONU que se centra exclusivamente en la elaboración de normas hacia uno que asegure la implementación, transparencia, cooperación y rendición de cuentas del Acuerdo de París; y evaluar cómo las nuevas plataformas, como el GIA y la Misión de Belém 1.5° impulsan dicho vínculo hacia la implementación.
- Concentrar las negociaciones en asuntos sustantivos. Racionalizar agendas mediante planificación multianual y revisar la frecuencia y el formato de las conferencias permitiría dedicar más tiempo a transparencia, financiamiento, cumplimiento y Balance Mundial como parte fundamental del mecanismo de ambición del Acuerdo para impulsar una espiral ascendente de mayor acción.
- Revisar la arquitectura institucional. Evaluar los mandatos y posibles duplicaciones de los órganos constituidos, incluido el legado del Protocolo de Kioto —tratado que estableció compromisos obligatorios de reducción de emisiones para determinados países desarrollados—, ayudaría a priorizar funciones de implementación. También se propone fortalecer la coordinación, asistencia técnica y seguimiento institucional.
- Vincular iniciativas complementarias con el Acuerdo de París. Los mecanismos impulsados tras la COP30, las coaliciones y las hojas de ruta necesitan conectarse con las contribuciones nacionales, los informes de transparencia, el financiamiento y el Balance Mundial, con responsabilidades y canales de reporte claros.
Este momento ofrece una nueva oportunidad para transformar un proceso centrado en la negociación en una estructura de ejecución capaz de salvaguardar el Acuerdo de París y traducir sus promesas en acciones concretas.
Una agenda más breve para decisiones con mayor alcance
Las negociaciones siguen dedicando recursos a calendarios, informes y asuntos diferidos que sostienen la continuidad administrativa, pero no siempre generan orientaciones nuevas. Este diagnóstico no niega su utilidad: plantea que, terminada la construcción de reglas, la asignación del tiempo debe reflejar otras prioridades.
La COP31 se plantea como oportunidad para probar una organización programática multianual: fusionar temas relacionados, administrar mejor las intervenciones y evaluar qué asuntos deben examinarse cada año y cuáles con intervalos mayores. Adoptar reglas claras de procedimiento y votación también buscaría superar los bloqueos que pueden surgir cuando no se alcanza el consenso. Son cambios propuestos para consideración de las Partes, no reformas ya adoptadas.
Instituciones capaces de coordinar y ejecutar
Los órganos constituidos aportan conocimiento técnico y facilitan capacidades, pero las entrevistas identifican falta de articulación, restricciones presupuestarias y debilidades de supervisión. Para que su trabajo contribuya más directamente a la aplicación de los compromisos, se propone revisar sus mandatos y establecer mejores mecanismos de coordinación y evaluación.
La revisión incluiría estructuras heredadas del Protocolo de Kioto y un papel más activo de la Secretaría de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) en la asistencia para elaborar e implementar contribuciones nacionales, planes de adaptación y estrategias a largo plazo. El criterio no sería conservar ni suprimir órganos automáticamente, sino determinar cuáles necesitan fortalecerse, transformarse o cerrarse, según su utilidad para la implementación.
Conectar las iniciativas políticas con compromisos verificables
La COP30 dio mayor visibilidad a plataformas y hojas de ruta orientadas a implementar acuerdos, pero esa proliferación también puede dispersar responsabilidades. El puente propuesto hacia la COP31 y el segundo Balance Mundial asocia la Agenda de Acción, el Acelerador de la Implementación Global y otras iniciativas con los instrumentos formales del Acuerdo de París: las contribuciones determinadas a nivel nacional, los planes nacionales de adaptación, los informes bienales de transparencia y el financiamiento climático.
Para fortalecer esa conexión se necesitan hitos, canales de reporte y continuidad entre presidencias. Las coaliciones pueden complementar la negociación multilateral, siempre que sus avances regresen al proceso formal y puedan evaluarse con criterios de transparencia, equidad y rendición de cuentas.
La reforma no depende de una sola institución ni de trasladar todas las decisiones fuera de la Convención. La propuesta es actuar en dos planos complementarios: mejorar mandatos y procedimientos dentro del régimen, y conectar las iniciativas de ejecución con compromisos públicos. Hacia la COP31 y el segundo Balance Mundial, la credibilidad de esta transición dependerá de su continuidad, de responsabilidades explícitas y de que el seguimiento permita reconocer avances y brechas de implementación, especialmente para los países más vulnerables.
Consulta el documento de política completo para profundizar en el diagnóstico institucional, las diez recomendaciones y las dos vías de reforma propuestas para implementar el Acuerdo de París.
Cómo citar el documento
López Carbajal, A., Florián Buitrago, M., Escobar Vargas, P., & Daza-Niño, N. (2026). La reforma del régimen de gobernanza climática de las Naciones Unidas en un contexto de implementación (2.ª ed.). Transforma.
Las reformas de la gobernanza climática no solo buscan agilizar las negociaciones: también definir cómo se sostienen las decisiones, quién responde por su implementación y cómo se evalúan los avances. Esa discusión resulta relevante para la apuesta de Transforma por un «Liderazgo e incidencia de América Latina».
La incidencia climática también depende de las reglas del sistema
Para la apuesta de Transforma por un «Liderazgo e incidencia de América Latina», no basta con participar en las negociaciones: también importa que los procesos multilaterales permitan adoptar decisiones y darles continuidad. En esa dirección, el estudio plantea, entre otras, las siguientes líneas de acción:
- Probar una agenda multianual: la COP31 podría servir para ensayar una planificación que simplifique las negociaciones y priorice transparencia, financiamiento climático, cumplimiento y Balance Mundial.
- Adoptar reglas formales de votación: las Partes podrían acordar procedimientos para evitar que la falta de consenso bloquee futuras decisiones climáticas.
- Vincular iniciativas con el Acuerdo de París: las Presidencias de las COP y los responsables de las iniciativas deberían conectarlas con compromisos nacionales, financiamiento y reportes de transparencia.
Avanzar en estas reformas podría ofrecer a la región mejores condiciones para incidir en las decisiones climáticas multilaterales, promoviendo una implementación más transparente, equitativa y con responsabilidades claras.


